CULTURA

EN ESTA SECCIÓN TE INFORMAREMOS DE LOS EVENTOS CULTURALES MÁS IMPORTANTES DE LA CIUDAD Y, EN OCASIONES, DEL MUNDO. ASIMISMO, ESTAREMOS TRABAJANDO ESTRECHAMENTE CON DISTINTOS ÓRGANOS TALES COMO LA SECRETARÍA DE CULTURA Y EL DEPARTAMENTO DE DIFUSIÓN CULTURAL

El hogar de Quasimodo: la écfrasis en Notre Dame

Por Vanessa Cortés Colis Directora de Librerías Gandhi SLP

Si podemos adquirir la inmortalidad, esta se encuentra en el Arte. Quasimodo se ha quedado, temporal y físicamente, sin hogar. El viral e inmediato acontecimiento que presenciamos en medios de comunicación y redes sociales, atestiguando cómo el humo abrazaba la icónica catedral de Notre-Dame en París, y cómo la madre de Jesús era puesta a salvo.

Al mismo tiempo, comentarios a favor y en contra, tanto en su rápida recolección de fondos para la reconstrucción, el tiempo dedicado en medios de comunicación y discursos de políticos sobre el hecho, dieron pie a que el otro lado de la moneda también mostrara una exasperación por comparar un daño monumental o material y dejar de lado una lista interminable de problemas sociales en el mundo, lo que considero no puede ser comparado y en lo que no se puede establecer un parámetro entre justicia o igualdad social con daños a un monumento no sólo sagrado, sino histórico, artístico y eterno para Occidente.

Tengo un profundo interés por la intersección entre las artes. Continuamente cedo mi atención en aquellas obras plásticas, escultóricas, arquitectónicas, musicales o literarias que hacen referencia a otra manifestación artística.

Las artes tienen una relación incestuosa. Son hermanas, sí; pero se coquetean, se pelean, se abrazan, defienden su propia materia y elementos; no obstante, no pueden ser independientes, más bien poseen una codependencia que, en ocasiones, las agranda, las vuelve inmortales.

La écfrasis (ekphrasis) es una de ellas ¿Qué es? Se oye complejo, pero no es más que describir en modo narrativo una imagen u objeto. El uso de las palabras adecuadas le otorgará mayor vividez (enargeia la llamaba Aristóteles) a esa construcción de imagen que se desarrolla en la mente de un receptor. La descripción puede ser tan poderosa, a través del lenguaje articulado, que la imagen llega a ser real y clara en la experiencia de quienes lo leen.

Justo esta experiencia tuve con la obra clásica de Victor Hugo, Nuestra señora de París (1831). Un manjar del arte literario que no en vano es considerado tabique preponderante de la literatura universal. Ahí en esa historia romántica, la primera en incluir todo tipo de personajes, antihéroes (Quasimodo), plebeyos, animales mundanos, políticos y líderes de los grupos de poder; acontecimientos históricos y todo un coctel novelístico. Pero mi atención tuvo un momento especial: la minuciosa, detallada y magistral descripción de la Catedral -que en la historia es escenario y personaje de la trama- y que, con sólo seguir la ilación de cada palabra, la construcción de la imagen venía a mi mente. No sé si exista una trampa porque tenía lo fortuna de haber visitado la catedral con anterioridad; es decir, tenía el referente, pero llamó mi atención esa capacidad y poder que tienen las palabras para construir imágenes, característica exclusiva de la literatura (a diferencia de las otras artes). Por eso inicio argumentando que el arte es inmortal, ya que, si no se tuvo la oportunidad de conocer la catedral antes del incendio, en las palabras de una gran novela ha quedado registrado, detalle a detalle. Victor Hugo la volvió eterna, considerando, además, que después de la gran recepción que tuvo la novela a nivel mundial, se lideró un proyecto gigante para su reconstrucción y continuo resguardo, pues habría que cuidar el hogar de aquel inocente sordito, el querido Quasimodo, y reconocer como el poder de la ficción puede sacudir conciencias y convertir monumentos en guardianes de la historia y la memoria.